Karlheinz Stockhausen

(22-VIII-1928 / 5-XII-2007)

Clara Agustí

“Qu’apportera la musique de demain?, demandent les interviewer. Laissons faire les jeunes,
ils ont en mains ses destinées. Voici au moins deux jeunes musiciens de génie:
Pierre Boulez et Karlheinz Stockhausen. À eux la joie de déranger, de changer,
d’innover, de défricher des terres inconnues. “À eux le vierge, le vivace et le bel aujourd’hui(1)”
Qué aportará la música de mañana?, preguntan los periodistas. Dejemos hacer a los jóvenes,
ellos tienen en manos sus destinos. He aquí al menos dos músicos jóvenes de talento:
Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen. A ellos la alegría de molestar, de cambiar,
de innovar, de descubrir tierras desconocidas. “A ellos el virgen, el vivaz y el bello día de hoy(1)”
Olivier Messiaen
Conferencia de Bruselas, 1958

Con estas palabras se refería Olivier Messiaen a mediados del siglo XX al futuro de la música, citando a dos jóvenes músicos que habían pasado por su clase de análisis en el Conservatorio de París, y por los cuales el maestro francés sentía una especial predilección, pues había constatado su especial sensibilidad ante lo nuevo, y una valentía frente a lo desconocido fuera de lo común(2).

Cumplido el medio siglo de la declaración que Messiaen realizara al término de su famosa conferencia en Bruselas en 1958, y a falta de ocho meses para la celebración del octogésimo cumpleaños del segundo de esos jóvenes músicos de talento citados, que iba a ser el motivo de una serie especial de conciertos y estrenos de obras en los cursos de interpretación sobre su música que anualmente se celebraban cada verano desde 2001 en Kürten (Colonia), fallecía Karlheinz Stockhausen el día 5 de diciembre de 2007, de manera repentina, sin que la prensa internacional o los medios televisivos prestaran excesiva atención a la noticia del fallecimiento de quien fuera uno de los más grandes compositores de la segunda mitad del siglo XX, anunciada el 7 de diciembre por la misma Fundación Stockhausen.

Karlheinz Stockhausen, fue una figura de gran interés para muchas de las generaciones posteriores, como así lo revela el número de creadores y músicos que se vieron influenciados por su obra y su pensamiento (que van desde los Beatles o la cantante Björk a compositores como Gérard Grisey, Helmut Lachenmann y Wolfgang Rihm, por citar a tres de los más importantes). A pesar de que Stockhausen fue internacionalmente conocido como el compositor de un cuarteto de cuerda “de los helicópteros” y unas declaraciones controvertidas sobre “la obra de arte” que supuso el atentado a las torres gemelas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, más allá de malentendidos y desconocimientos, lo cierto es que se trata de uno de los compositores cuyo rigor y constancia en su trabajo permanecieron hasta el último momento.

Marcado por una infancia terrible, a los 7 años se inició en la música con el organista de la catedral de Altenberg. En 1932 su madre fue ingresada en un hospital psiquiátrico después de sufrir una crisis nerviosa, tras la cual, unos meses después, moriría su hermano menor Hermann. Al inicio de la segunda guerra mundial su madre fue ejecutada por los programas nazis de eutanasia para los individuos no productivos (oficialmente murió de leucemia según el ministerio de sanidad alemán) y su padre fue enviado al frente de donde nunca volvió. Así Stockhausen ingresaba en un internado donde continuó aprendiendo piano, y otros instrumentos, como el oboe o el violín. Su ansia por aprender lo llevó a matricularse en el Conservatorio de Colonia, donde recibió clases de piano, pedagogía y posteriormente armonía, contrapunto y composición. Para costear sus estudios realizó las más diversas tareas: de obrero en una fábrica, de guardia en un aparcamiento, de vigilante de viviendas de las tropas de ocupación, acompañaba al piano a un prestidigitador, y tocaba música de jazz en los bares. Todo ello no le impidió matricularse en la Universidad de Colonia y realizar estudios de filosofía, musicología y filología alemana.

El año 1951 fue una fecha clave en la vida del compositor. Stockhausen se matriculó en los recién creados cursos para la nueva música de Darmstadt, donde tomaría contacto con muchos jóvenes compositores (Pierre Boulez, Luigi Nono, Bruno Maderna, Gyorgy Ligeti…) y conocería la música de la segunda escuela de Viena, así como la de Messiaen. Stockhausen decidió ir a estudiar con Messiaen a Paris en 1952. Los años de París estuvieron llenos de descubrimientos, que posteriormente sentarían las bases para la edificación de todo un sistema basado en el serialismo que había desarrollado Anton Webern, el cual sería llevado hasta sus últimas consecuencias en obras como Kreuzspiel (1951) o Kontra-Punkte (1952), la serie de Klavierstücke I-X (1953-55) o el quinteto Zeitmasse (1956). En París tomó contacto por vez primera con los estudios sobre la electrónica, frecuentando el Estudio de música concreta que acababa de crear Pierre Schaeffer. A su vuelta a Colonia inició su colaboración con el Estudio de Música Electrónica de la Radio Oeste de Colonia, donde experimentaría y resultarían composiciones originalísimas como su Gesand der Junglinje (1956) que introdujo, por vez primera en la historia, el emplazamiento espacial de fuentes de sonido, con su mezcla de música concreta y electrónica.

Algunas obras de esos años muestran a Stockhausen formulando sus primeras contribuciones, rompedoras y revolucionarias, a la teoría y práctica de la composición, con la publicación en 1956 de una teoría del tiempo en su famoso artículo “Wie die Zeit vergeht”, en donde sienta las bases de lo que él llamó “Gruppenkomposition” y que desarrolló en obras como Gruppen (1957) para tres orquestas o Carré (1959) para cuatro orquestas y coros. Durante la década de 1960, Stockhausen exploró las posibilidades de la música en trabajos muy desarrollados como Prozession (1967), Kurzwellen, y Spiral (ambas de 1968), para pasar posteriormente a una forma de composición intuitiva, que desarrollaría en obras como Aus den Sieben Tagen (1968), Für kommende Zeiten (1968-70), Ylem (1972) y Herbstmusik (1974). Obra clave para el desarrollo de la música sería su Stimmung (1968), composición para octeto vocal en la cual desarrolla el concepto de timbre mediante el desplegamiento de los armónicos de un Sib grave, durante unos cuarenta minutos. La generación de compositores franceses conocidos como espectrales encontrarían a principios de 1970 un punto de partida en esta obra para desarrollar una estética completamente nueva.

Stockhausen siempre se caracterizo por el inconformismo y la búsqueda de la originalidad. Tras Mantra (1972) para dos pianos y modulador en anillo, iniciará una nueva etapa que culminará con el desarrollo de un sistema compositivo autogenerador a partir de lo que él llama “fórmula”, que no es sino una melodía caracterizada, con toda una serie de requisitos de tempi, duraciones, y alturas. A la manera de un ADN generador, a través de estos procesos iniciará una serie de trabajos que se materializarán en un proyecto por el cual ha sido especialmente reconocido. Un ciclo de siete operas, sobre cada día de la semana, cuyo nombre es Licht. Piezas anteriores a este ciclo, como Inori (1974) o Tierkreis (1976) servirían de modelo para compositores como Wolfgang Rihm en su búsqueda de una “nueva simplicidad”.

Entre 1977 y 2003 Stockhausen se dedicará única y exclusivamente a desarrollar la música de su ciclo Licht, que trata sobre las costumbres asociadas a cada día de la semana en varias tradiciones históricas: lunes, nacimiento y fertilidad; martes, conflicto y guerra; miércoles, reconciliación y cooperación; jueves, viajes y aprendizaje; etc., junto a la relación e interacción entre tres personajes arquetípicos: Lucifer, Michael y Eva. Después de completar Licht, Stockhausen se embarcó en un nuevo ciclo de composiciones basado en las horas del día, titulado Klang, del que ha completado 21 piezas antes de su fallecimiento.

Stockhausen siempre fue un compositor de una conciencia clarividente. A finales de la década de 1980 adquirió los derechos de todas sus publicaciones discográficas y creó su propia fundación donde inició un trabajo para que toda su obra estuviera disponible en cd. De este modo inició la edición de toda su música, para la cual se encargaba del diseño hasta el más pequeño detalle. Hoy en día, alrededor de 90 discos compactos están a la venta en su fundación, así como la totalidad de su música escrita, algo que dice mucho acerca de la preocupación por la accesibilidad futura de su música, en comparación con la actitud de muchos otros creadores.

Stockhausen permanecerá como un mito de la historia del siglo XX, por sus ideas, así como por su radical concepción del acto musical, que se encargó de reinventar una y otra vez. Un mito ejemplar, por su tenacidad, su energía, su dedicación absoluta a mejorar una y otra vez las condiciones de la música, así como por un esfuerzo inigualable por ampliar las posibilidades y capacidades de los intérpretes con una música de cuidada factura. Ahora le toca el turno a sus músicos, aquellos que durante estas últimas décadas han compartido con él tantas horas de trabajo y dedicación, hasta el límite de la especialización en su música. Son ellos los únicos que pueden acercar la música del genio al mundo, para rescatarla de ese alejamiento que ha sufrido en parte a consecuencia de una actitud en exceso protectora y perfeccionista.

1 Messiaen cita aquí el famoso soneto nº 4 “Invierno” de las Cuatro Estaciones del poeta francés Stéphane Mallarmé (1842-1898): Le vierge, le vivace et le bel aujourd’hui / Va-t-il nous déchirer avec un coup d’aile ivre / Ce lac dur oublié que hante sous le givre /Le transparent glacier des vols qui n’ont pas fui !… (¡El virgen, el vivaz y bello día de hoy / De un aletazo ebrio va a desgarrarnos / Este lago duro olvidado que persigue bajo la escarcha / El glaciar transparente de los vuelos no huidos!)
2 Samuel, Claude: Entretiens avec Olivier Messiaen (Paris, Belfond, 1967).
Publicat en: on Febrer 10, 2008 at 7:01 pm Feu un comentari